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Entrevista a Cristián Pérez, por “Vidas Revolucionarias”

Entrevista a Cristián Pérez, por “Vidas Revolucionarias”

Conversamos con el autor de un libro esencial en el marco de la izquierda en Dictadura.

Este libro entrega una mirada cercana y detallada de una parte relevante de nuestra historia y, a través del relato, uno nota la infinidad de personas y fuentes consultadas. ¿Cuánto cuesta -en tiempo, viajes y repasos- preparar y escribir un libro como este?
Vidas Revolucionarias” es un libro triste, una historia desolada, pues relata la vida de los vencidos, de aquellos jóvenes, de los años 60-70 que creyeron y entregaron sus vidas por una causa. Al mismo tiempo, como todo libro de historia, cuenta el pasado, en este caso el de una época en donde dar la vida por los otros (tus camaradas), por cambiar las injustas estructuras de poder, le otorgaba sentido a la existencia. No era una moda ser revolucionario. Esta generación derrotada por las fuerzas militares mediante estrategias contra-insurgentes tomadas de la escuela francesa y después de la norteamericana (delación, torturas, infiltraciones) y exterminada en campos de concentración a lo largo de Latinoamérica, no logró cambiar el mundo, ni derrotar el sistemas capitalista, pero se anotó una victoria, quizás la mayor y más permanente, como lo planteó Lucas Sierra, y esa es que universalizó el concepto de los Derechos Humanos; o sea, su sacrificio, no fue en vano, como dijo Allende, aunque la victoria fuera otra, una que no esperaban.

Este libro nunca fue proyectado como tal. La idea siempre fue contar historias de aquellos hombres y mujeres que habían sobrevivido al exterminio y querían por alguna razón, relatar su experiencia. Entonces se fue escribiendo por partes, por capítulos, utilizando las historias de vida como fuentes principales. Las que estaban y algunas todavía están en lugares remotos del mundo. Desde ese punto de vista podría tenerse por un libro caro (viajes, estadías, transcripciones), aún cuando no tengo un valor aproximado.
La investigación, es decir la recopilación de historias de vida y archivos debo haberla realizado en unos diez años, lo que no es lo mismo a decir que escribir el libro tardó 10 años.

¿Cuál fue el fragmento más difícil de terminar? ¿Por qué?
En particular no hubo un fragmento más fácil o difícil de terminar. Creo que lo más complejo fue el anexo para unir tanta chapa y nombre político con nombres verdaderos para que el lector pudiera tener una mínima guía en esa jungla de apodos. También creo que la parte del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, fue compleja pues el proceso de Jaime Guzmán está abierto, y en tanto así sea escribir de ello, desde la historia, es y será difícil.

¿Cuánta influencia tuvo realmente el “Che” Guevara en la revolución chilena?
Es complejo señalar con precisión cuánto influyo el Che en la revolución chilena. Es verdad que al principio (años 60) grupos de chilenos no muy numerosos viajaron a Cuba a entrenarse como guerrilleros y apoyar los esfuerzos (cualquiera) que el Che intentara. Se les conoce como Elenos, integrantes del Ejército de Liberación Nacional. Muchos de ellos militaban en el Partido Socialista y en otras organizaciones, desde donde pasaron al ELN. El MIR, por ejemplo, no era guevarista sino leninista, y su importancia política va a ser más relevante varios años después de muerto el Che, y nunca sostenidos en sus ideas. Para los comunistas fue un personaje que murió con una estrategia equivocada en un lugar equivocado.
Creo que si es verdad que, en términos simbólicos, era un personaje al cual los jóvenes, en forma individual, querían emular, pero las organizaciones más fuertes, con mayor tradición y mejor constituidas no, pues consideraban que su estrategia no era aplicable en Chile.

Hace un tiempo, en Libros al Aire, conversamos con Max Marambio, ahora exitoso empresario y en el pasado miembro del GAP. ¿Qué opinión le merece la experiencia de este miembro de la guardia personal de Allende, en cuanto sobreviviente de una época trágica como la década del ’70 en la actualidad?
Max Marambio fue durante algún tiempo el jefe de la escolta de Allende. Después del golpe se radicó en Cuba y desarrolló actividades comerciales. No me pronuncio sobre si existen o no incongruencias al haber desarrollado estas dos actividades. Además, creo que el libro de Marambio es un buen texto, honesto y muy apegado a la verdad histórica.

El MIR representa la opción de provincia a la dictadura. ¿Es posible calificar a los movimientos de izquierda chilenos como una fuerza centralista, a pesar del MIR, o fue un movimiento plenamente nacional?
Es discutible que el MIR fuera la respuesta provinciana al centralismo. Hay que recordar que los primeros partidos de izquierda chilenos se fundaron en provincias también. El MIR se crea en Santiago en 1965 y a su formación concurre una importante gama de revolucionarios de todas partes, no sólo de provincias. Lo cierto es que, en 1967, el grupo de estudiantes de Concepción desplaza a la conducción anterior y su dirección queda por un corto tiempo centrada en esa región, pero pronto deben instalarse en Santiago, pues en esta ciudad se toman las grandes decisiones de la política. En definitiva creo que el MIR es otra organización político-militar, de carácter nacional, que en un comienzo tiene fuerte arraigo en la Universidad de Concepción.

A lo largo del libro, y con la experiencia del Frente Patriótico Manuel Rodríguez presente, queda la sensación de que, a pesar de los intereses de la izquierda y sus apoyos internacionales, nunca hubo una posibilidad real de triunfar, por la vía armada, frente a las Fuerzas Armadas nacionales. ¿Esto se debe más a la organización deficiente de la izquierda o a la sólida preparación de los militares nacionales?
Desde mi perspectiva nunca la izquierda chilena se propuso como meta derrotar militarmente a las Fuerzas Armadas de Chile. Por varias razones:

Salvador Allende las veía como “el pueblo en armas”. Para el Partido Comunista en los años 80, era posible vencerlas con una estrategia de sublevación nacional, pero no en un enfrentamiento armado. El Partido Socialista nunca tuvo consenso al respecto, algunos sectores pensaban que se podía combatirlas con las armas y la mayoría no. El MIR pensó que podía dividirlas entre clases y oficialidad, y aunque realizó intentos no tuvo éxito, pues el día del golpe todos, con pocas excepciones, se plegaron a sus mandos y lo apoyaron.

La preparación militar de la izquierda era débil en tanto sólo, en los años 70, algunos centenares de cuadros adquirieron conocimientos como militares profesionales en Cuba y otros países comunistas. Su mayor éxito fue la victoria sobre las fuerzas somocistas en el Frente Sur Benjamín Zeledón en julio de 1979. Es probable que otros cientos tuvieran entrenamiento en lucha irregular o cursos de guerrilla, que eran variables en el tiempo y en los aprendizajes obtenidos.

Finalmente, creo que era imposible derrotar militarmente a las FF.AA. Su derrota pudo haber sido política, pero jamás militar.

De manera inevitable, el libro “Vidas Revolucionarias” se enmarca con la publicación de parte del CEP de “La revolución inconclusa” y “Los mil días de Allende”, lo que responde a la inquietud de la sociedad por conocer más época de la historia chilena. ¿Es Chile un país de izquierda o un país que quiere ser de izquierda?
Esta Izquierda, no la del libro, tiene una alianza estratégica con sectores de centro, por lo que hoy sus objetivos son otros. Esa es la realidad.

A propósito de Vidas Revolucionarias y, tal vez, entrando en materia filosófica, ¿qué es más relevante mirando hacia atrás: los personajes que destacaron en esta época o la época misma en su contexto más amplio?
Desgraciadamente no soy filósofo. Sólo puedo decir que hubo una época en que valía la pena morir por una utopía y un grupo de jóvenes, más o menos anónimos, lo hizo y ambos son inseparables.

Finalmente, la izquierda nacional ha terminado, salvo por los 4 años de Sebastián Piñera, por gobernar Chile los últimos 25 años. ¿Es esto un triunfo moral de la izquierda, a modo de revancha histórica? y ¿Es posible hacer una revolución en la actualidad?
Creo que Chile es un país neoliberal que desea que algunos aspectos de su vida estén más protegidos por el Estado, una sociedad que gusta de términos tales como libertad e igualdad. Pero no creo sea de izquierda, si lo fuera, el panorama sería bien distinto, en un solo ejemplo: Las riquezas básicas serían nuevamente del Estado.

Las revoluciones como los terremotos son impredecibles. Probablemente veremos revoluciones en el futuro, no sé si con banderas rojas y negras, pero de que los seres humanos lucharán por mejorar su vida en múltiples formas, lo creo seguro.

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EdoUnda

comunicador incógnito y disperso, con los pies aquí y allá, lector y conversador en @LibrosalAire

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