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[RESEÑA] David Grossman nos lleva a un profundo "Café Concert"

[RESEÑA] David Grossman nos lleva a un profundo "Café Concert"

El autor israelí nos lleva por un relato profundo en show que es de todo menos cómico. Tal vez, como todo en su país.

Sello Editorial: Lumen
Páginas: 240
Primera Edición: 2014

Publicación en Chile: Junio, 2015

David Grossman es un escritor reconocido en todo el mundo y candidato habitual al Nobel. Esto último nos muestra a las claras que no es un autor que busque entretener al público, si no todo lo contrario.

Por lo mismo, que el título no nos engañe pues lo que encontramos en Gran Cabaret no es comedia ni divierte. En realidad, lo que Grossman nos cuenta a través de Dóvaleh es aquella historia íntima y profunda sobre Israel y que sólo los propios israelíes están autorizados (éticamente) a contar.

La trama nos muestra a un comediante venido a menos que invita a un viejo conocido (ex juez) a asistir a una presentación suya en Cesarea. En esta presentación, el comediante ve peligrar la atención del público al narrar su propia historia, más trágica que cómica, y cómo fueron a buscarlo a un campamento paramilitar israelí para asistir al funeral de su madre sin siquiera saber quién había fallecido, pues nadie supo cómo decírselo.

En medio de su performance, el público se enoja, reclama, pide chistes de verdad y, tras varios minutos, muchos se van, quedando apenas un puñado de espectadores para este extraño y nostálgico acto. Eso sí, algunos chistes de los que suelta el comediante valen la pena aunque no llegan a provocar carcajadas. Entre ellos, aquel en que se encontró con un señor de unos 80 años llorando en la calle:

Así que voy hasta él y le pregunto con mucho tino: Señor, ¿por qué llora? ¿Cómo no voy a llorar?, me contesta. Hace un mes conocí a una chica de 30 años, guapísima, muy sexy, nos enamoramos y nos fuimos a vivir juntos. ¡Estupendo!, le digo yo, ¿y qué hay de malo en eso? Óyeme, me dijo el viejo, desde entonces todas las mañanas empezamos el día con dos horas de sexo salvaje, después ella me prepara un jugo de granada, por el hierro, ya sabe, y me voy al ambulatorio. Vuelvo, otra sesión de sexo salvaje, y después me prepara una tortilla de espinacas, por los antioxidantes. Por la tarde me voy a jugar cartas con mis amigos, vuelvo, tenemos otra sesión de sexo salvaje hasta bien entrada la noche, y así, día tras día… Pues suena muy bien, le digo, ojalá yo pudiera. Pero, ¿por qué llora? El anciano se queda pensando un momento y dice: Es que  no recuerdo dónde vivo”.

Así, entre uno y otro chiste (separados por varias páginas) descubrimos ese lado de Israel que pocas veces nos muestran los medios de comunicación, centrados sólo en el detalle de las piedras de un lado a otro y no tanto en cómo se vive día a día en Cesarea u otras ciudades, todo a través de la pluma reflexiva y contingente de Grossman.

En fin, como decía, no es una novela entretenida y hasta diría que no es uno de sus mejores libros, pero claro, el israelí no escribe best seller, sino que escribe para el público crítico y/o analítico y bajo ese prisma hay que leerlo y entenderlo.

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EdoUnda

comunicador incógnito y disperso, con los pies aquí y allá, lector y conversador en @LibrosalAire

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