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Editor del Quijote: "Lleva cuatro siglos saliendo indemne de los acercamientos más ramplones y de los esoterismos más disparatados"

Editor del Quijote: "Lleva cuatro siglos saliendo indemne de los acercamientos más ramplones y de los esoterismos más disparatados"

A propósito de que los españoles actuales casi no han leído la obra prima de Cervantes, repasamos esta entrevista con Florencio Sevilla Arroyo, editor de Penguin Clásicos.

Sin dudas, el Quijote, o como prefieren llamarlo los más ortodoxos El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha, es uno de los libros que representa lo mejor de las letras españolas, sin ninguna duda. Tras 400 años, seguimos volviendo al texto de una u otra forma, con miradas distintas, enfoques novedosos y para todos los públicos, como la novela de García Jambrina.

Por lo mismo, y a propósito de las ansias que tenemos por ver los primeros ejemplares de los Clásicos de Penguin en Chile, dejamos algunos fragmentos de la entrevista con Florencio Sevilla Arroyo, editor del Quijote de Penguin Clásicos, catedrático de Literatura Española del Departamento de Filología Española de la Universidad Autónoma de Madrid. Su labor académica e investigadora se centra en la Literatura Española Medieval y de los Siglos de Oro -con especial dedicación a Cervantes y su obra-, épocas en las que destaca como especialista tanto por las actividades que dirige como por sus numerosas publicaciones.

¿Qué peligros acechan a un editor del Quijote? ¿Qué placeres acompañan tamaña empresa?
El Quijote no es un texto precisamente complicado de editar, pero sí extraordinariamente peligroso a la hora de fijarlo críticamente. El único testimonio autorizado que se nos ha conservado es la edición príncipe de cada una de sus dos partes, pero ambas fueron impresas sin demasiado miramiento por Juan de la Cuesta y, de resultas, difundieron unos originales tan visible como penosamente estragados por los operarios de las prensas. Ello sitúa al editor ante un auténtico callejón sin salida: el único original del que dispone para llevar a cabo su reproducción está sensiblemente deturpado, sin que haya forma humana de averiguar en qué medida ni en qué pasajes concretos con certeza alguna. Siendo así, todo queda a merced del iudicium de cada cual, pues, ecdóticamente hablando, tan legítimo resulta atenerse a la literalidad del único original conservado como aplicar una emendatio encaminada a restaurar el supuesto manuscrito cervantino estragado en la imprenta.

Claro que la segunda opción implica intervenir textualmente en la única copia conservada del Quijote sin otro fundamento que nuestras conjeturas o lucubraciones… con el riesgo inadmisible de deturpar todavía más el presunto original manuscrito de Cervantes… Esto es, el mayor peligro que acecha a un editor de la gran novela cervantina es abusar de la emendatio ope ingenii, anteponiendo las conjeturas personales a las lecciones originales, que acaba desfigurando lastimosamente el texto primigenio.

Pasando a los “placeres”, editar el Quijote sin mayor interés que el puramente filológico comporta la inmensa satisfacción de contribuir a la difusión fidedigna de la primera novela de nuestra tradición literaria… Por lo demás, aunque la tarea del editor no es precisamente placentera, sino más bien un tanto penosa, tampoco deja de tener sus compensaciones: sobre todo, obliga a calibrar “a la letra” la totalidad del texto cervantino, dejando siempre abierta la posibilidad de depurar el texto heredado ya sea críticamente ya semánticamente; ya sea -quiero decir- proponiendo alguna enmienda certera ya aclarando razonablemente algún pasaje inexplicado.

¿Qué le parecen los “nuevos” Quijotes de Trapiello y Pérez-Reverte?
Como es lógico, a un editor decididamente empeñado en preservar, en la mayor medida posible, la literalidad del único original cervantino conservado -como es mi caso-, no pueden interesarle planteamientos como los subyacentes en los Quijotes aludidos, de modo que mi opinión al respecto estaría fuera de lugar… No obstante, nada tengo que objetar contra ellos siempre y cuando no pretendan suplantar al Quijote de Cervantes y se queden en lo que son: simples sucedáneos de las auténticas ediciones de la novela. Bienvenidos sean si contribuyen a estimular y facilitar la lectura del verdadero texto cervantino…

“Los niños la manosean, los mozos la leen, los hombres la entienden y los viejos la celebran”. ¿Es todavía el Quijote una “obra abierta”?
Si no recuerdo mal, algo similar se lee en los preliminares de La Celestina y no creo que, en este caso, se trate de una obra precisamente “abierta” a todas las edades, que supongo es por donde va la pregunta. El Quijote, sin embargo, creo que siempre lo fue y lo seguirá siendo perpetuamente, pues, una vez despojado de la insufrible balumba interpretativa que lo agobia, su texto se presta con idéntica rentabilidad a la lectura más superficial y a la más sesuda, sin que, a la postre, ninguna de ellas aventaje ni en un ápice a la otra… Incluso, puede que esa sea su mejor cualidad, pues lleva ya cuatro siglos saliendo indemne de los acercamientos más ramplones y de los esoterismos más disparatados.

Revisa la entrevista completa en el blog de Penguin Clásicos.

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EdoUnda

comunicador incógnito y disperso, con los pies aquí y allá, lector y conversador en @LibrosalAire

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