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[RESEÑA] El aliento de los dioses

[RESEÑA] El aliento de los dioses

Una especie de magia que estuviese relacionada con los colores (biocroma) no tenía mucho sentido para mi, pero una vez más todo empieza a tomar fuerza cuando la trama se complica y la biocroma tiene sentido en sí misma.

El Aliento de los Dioses
Brandon Sanderson
España, junio de 2016
Novela, Ediciones B, 720 páginas.
ISBN: 9788466658874

Sinopsis

Hace años, el monarca de Idris firmó un tratado con el reino de Hallandren según el cual el rey Dedelin enviaría a su hija mayor, Vivenna, para casarse con Susebron, el rey-dios de Hallandren. Vivenna ha sido adiestrada durante toda su vida para ser una novia adecuada para Susebron y así cumplir con su deber y ayudar a forjar una paz estable entre los dos reinos.

Ese era el plan, pero el monarca de Idris envía a su hija Siri, desobediente e independiente, en lugar de Vivenna. Mientras intenta encontrar su lugar en la corte de Susebron, Siri descubre la verdad oculta sobre el rey-dios. En Idris, Vivenna se siente intranquila y teme que su hermana no esté preparada para esa nueva vida, por lo que decide viajar a Hallandren. Allí se reúne con la gente de Idris que trabaja en la capital, T’Telir, y comienza una nueva vida de espionaje y sabotaje. El plan de Vivenna es rescatar a Siri, aunque tal vez esta no necesite ni desee ser salvada.

Opinión

Quizás debería comenzar señalando que si la fama de Sanderson, la belleza de la edición o el mapa no son suficientes para convencerte de leer este libro, la presentación de Miquel Barceló definitivamente lo hará. Ya antes de leer El Rithmatista había leído algunos artículos sobre lo que Sanderson llama “el síndrome de Campbell” que, en pocas palabras, habla de cómo los escritores de fantasía se encierran en seguir el Mito del Héroe una y otra vez en todas sus historias y con pocas o nulas variaciones, lo que pone a este género literario en el riesgo de estancarse. Los lectores de fantasía crecen y al buscar nuevos libros se encuentran con que los libros de este género que acaban de ser publicados son básicamente iguales a los que solían leer durante su adolescencia. Leer fantasía no representa la misma emoción de antes, porque todo resulta redundante y cliché. Por eso el estilo de Sanderson intenta romper con estos modelos, darle un nuevo aire a la literatura de la fantasía, y lo que comenzó con su primera novela autoconclusiva, Elantris, continúa con El Aliento de los Dioses, donde se puede apreciar una compleja relación entre lo religioso y lo político.

T’Telir es la capital del reino de Hallandren y Susebron, el rey-dios, es quien está a la cabeza de la corte de los dioses. Las ciudades de Idris y T’Telir viven en tensión constante. La familia real fue exiliada de T’Telir hace años luego de una rebelión y debió establecerse en las tierras altas, donde la vida es dura y austera y desde donde no miraban con buenos ojos los excesos de Hallandren.

Siri y Vivenna no pueden ser más distintas la una de la otra y la vida de ambas siguen caminos completamente diferentes. Siri debe enfrentarse no solo a un matrimonio arreglado con un ser intimidante y e increíblemente poderoso con quien ni siquiera puede hablar, sino también con todos los juegos políticos y de poder que se dan dentro del palacio de Susebron de los que, sin saber, forma parte importante.

Vivenna, por otro lado, se embarca en una especie de aventura guerrillera con el propósito de rescatar a su hermana. Sin embargo, ambas se darán cuenta de que no todo es lo que parece y es ahí donde parte la evolución de ambos personajes. Siri deja de lado su inocencia y poco a poco empieza a entender cómo funciona la política y la religión y cómo una de alimenta de la otra. Entiende que debe jugar bien sus cartas para mantenerse con vida y para ello se alía con un particular personaje: Sondeluz, el Audaz, un dios que no cree ni en su propia divinidad ni en la de los demás Retornados y para quién todo es una broma.

Así, Vivenna se presenta como la princesa idriana perfecta, pero al vivir entre el pueblo, se da cuenta de que nada de lo que le han enseñado le sirve para hacerle frente al mundo real. Me costó mucho simpatizar con ella desde el principio, pues su carácter altanero y excesivamente moralista la desprendía de toda empatía, pero a medida que atraviesa ciertas dificultades que la llevan aliarse con quien nunca esperó, terminan aceptando que su vida en realidad no es un modelo de virtudes y evoluciona hasta deshacerse de esa moralidad que le inculcaron desde niña. Pasa de ser un personaje un poquito tedioso a convertirse en uno más interesante y bien desarrollado. Además, tiene un cambio muy interesante que abre la puerta a una continuación del libro.

Otro personaje muy interesante de esta novela es Sondeluz, el dios que no cree en su propia divinidad. Desde el comienzo del libro demuestra un abierto desdén por su propio personaje, burlándose de su sumo sacerdote y de otros dioses. Encendedora, otra diosa de Hallandren, prácticamente lo obliga a enredarse en el juego político y a aceptar su papel en la corte. A medida que los líos políticos y religiosos se van haciendo más densos, se empieza a revelar su verdadero carácter y el misterio de quién fue antes de retornar; Sondeluz pasa de ser un holgazán a jugar un rol primordial en las intrigas de la corte.

Una vez más, la magia se roba todas las miradas. En este mundo, la magia que nos regala Sanderson está basada en el “aliento” (lo que nosotros llamaríamos alma). Cada persona nace con un aliento y puede desprenderse de el sin que eso signifique morir (su vida se vuelve un poco más gris, por lo que se les conoce como Apagados). En tanto que en Idris el aliento es sagrado, en T’Telir los alientos son un bien comerciable. Los más adinerados pueden llegar a pagar mucho dinero por un aliento, por lo que para las familias más pobres de Hallandren, vender el aliento de uno de sus miembros bien puede significar un mes completo de sustento (algo que a Vivenna le cuesta entender). Con cincuenta alientos puedes alcanzar poder e incluso dar vida a objetos y hacerlos seguir órdenes sencillas, despertarlos. Mientras más alientos tienes mayor es tu percepción de la escala cromática, lo que se traduce en una percepción más clara de la vida y en una mayor facilidad para despertar objetos.

La corte de dioses de Hallandren, los Tronos Iridiscentes, está integrada por los Retornados, personas que han muerto en circunstancias heroicas y a quienes se las concedido regresar a la vida con apariencia y poderes especiales. En Hallandren se les concede el estatus de dioses y los fieles venden su aliento para mantenerlos con vida, pues una vez que han regresado necesitan alimentarse de un aliento cada semana para vivir e incrementar sus poderes.

En un comienzo tuve la misma percepción que tuve con la rithmática y una especie de magia que estuviese relacionada con los colores (biocroma) no tenía mucho sentido para mi, pero una vez más todo empieza a tomar fuerza cuando la trama se complica y la biocroma tiene sentido en sí misma y la verdad es que no es tan simple como pareciera. Si necesitas una gran cantidad de aliento solo para despertar una capa y hacer que te proteja, ¿cómo es posible que se pueda despertar un sinvida con solo un aliento?

Llama un poco la atención que una historia tan larga y compleja como esta haya sido presentada en un tomo único en vez de ser divido en más y no puedo evitar pensar que quizás también esa sea una de las apuestas de Sanderson a romper un poco con la costumbre de la literatura fantástica de presentar sus historias en más de una entrega (duologías, trilogías, etc.).

El Aliento de los Dioses es un libro denso y por momentos pareciera estancarse, pero se lee rápido porque la historia te atrapa si o si y carece de los clichés que hacen tediosa la lectura de otras obras de literatura fantástica.

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