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[RESEÑA] La estación de la calle Perdido

[RESEÑA] La estación de la calle Perdido

Pensando en Nueva Crobuzon se me viene a la mente un Londres victoriano algo triste y opaco, similar al escenario que nos presenta Dickens en sus obras.

La Estación de la Calle Perdido
China Miéville
España, febrero de 2017
Novela, Nova, 817 páginas
ISBN: 978846666085

Sinopsis

La metrópolis de Nueva Crobuzon se extiende en el centro de su desconcertante mundo. Los seres humanos, los mutantes y las razas arcanas se apiñan en la penumbra, bajo sus chimeneas; los ríos fluyen, viscosos, y las fábricas y las fundiciones martillan la noche. Durante más de mil años, el Parlamento y su brutal milicia han gobernado a una amplia gama de obreros y artistas, espías, magos, adictos y prostitutas. Ahora, al llegar un extraño con los bolsillos llenos y una demanda inalcanzable, algo impensable se libera. De pronto, la ciudad se ve atrapada por el terror, y el destino de millones de personas depende de un grupo de marginados que huyen de los legisladores y los delincuentes. El paisaje urbano se convierte en un campo de caza, las batallas se libran en las sombras de edificios extraños… y ya es tarde para escapar.

Opinión

Para dar un poco de contexto a la intensa locura que es La Estación de la Calle Perdido, es pertinente comenzar diciendo que este libro corresponde al primer volumen de la aclamada trilogía Bas-Lag de China Miéville. Miéville es un académico, activista político y escritor británico representante de un movimiento literario llamado New Weird, una especie de renovación de la “weird fiction” (o ficción extraña), un subgénero de la fantasía surgido a finales del siglo XIX entre cuyos representantes podemos nombrar a Edgar Allan Poe o a H. P. Lovecraft.

La Estación de la Calle Perdido está ambientada en Nueva Crobuzon, una metrópoli donde habitan las razas más diversas que se puedan imaginar: humanos, khepri (una raza donde las hembras tienen cuerpo humano y cabeza de escarabajo gigante), los vodyanoy (seres anfibios que pueden controlar el agua), los garuda (criaturas aladas con cuerpo de hombre y cabeza de pájaro), los cacto (que son literalmente cactus gigantes), manecros, dracos, polillas multidimensionales gigantes, tejedoras y rehechos, entre otros.

Imagen tomado de Pinterest

Cada especie tiene territorios que le son propios, lo que no evita que un individuo errante escoja vivir separado de su colonia; se forman barrios y guetos donde la ley que impera es la ley de la tradición de cada especie. Pareciera ser que cada especie vive alejada de la otra, pero todos trabajan en las distintas fábricas de la ciudad, usan las mismas líneas del metro para atravesar Nueva Crobuzon de cabo a rabo, van a la universidad, se reúnen en las distintas tabernas, bares, restaurantes y otras áreas públicas. Imaginen todas estas razas conviviendo en esta ciudad donde, por un lado, interactúan la magia (o taumaturgia como es llamada aquí), la ciencia y la tecnología impulsada por vapor al más puro estilo steampunk, mientras que por otro lado tenemos un sistema político y económico que es represivo y además corrupto porque mantiene lazos activos con la mafia de la ciudad. Viven hacinados en la pobreza, los grandes ríos que cruzan la ciudad apestan y contaminan el aire por la gran cantidad de basura y desechos de experimentos taumatúrgicos que han sido vertidos al agua a diario por siglos.

Nueva Crobuzon era un enorme caldo de cultivo, una ciudad mórbida. Los parásitos, la infección y los rumores eran incontrolables. Capítulo 1, página 24.

Nueva Crobuzon, imagen de alexdrummond

Pienso en Nueva Crobuzon y se me viene a la mente un Londres victoriano algo triste y opaco, similar al escenario que nos presenta Dickens en sus obras, una ciudad que pareciera haber caído en decadencia pero que al mismo tiempo está más viva que nunca. Caos, caos en el mismo caos. Esto es lo que China Miéville nos presenta en su libro, un caos constante que contra todo pronóstico ha funcionado por siglos y seguirá funcionando por otros más.

Vale decir que es muy difícil escribir una reseña de un libro así, uno donde hay tanta información, porque no sabes qué cosas comentar y cuáles deberías obviar. Es un libro de más de 800 páginas, por lo que tampoco es sencillo poner un límite para decidir qué podría ser spoiler y qué no. Por lo general, en un libro con tantas páginas cuesta unas 200 o más hacerse una impresión definitiva del libro y decidir si seguiremos leyendo hasta el final o lo abandonaremos hasta una próxima ocasión. Hay que partir diciendo que China Miéville nos evita todo el proceso de 200 páginas de lectura previa y ya en el primer capítulo nos presenta una escena que nos hará tomar la decisión: una escena de sexo inter-especies que no te deja indiferente entre Isaac Dan der Grimnebulin, un hombre humano panzón de mediana edad, y Lin, una hembra khepri. Ya antes de la página 30 te enfrentas a la pregunta, ¿es demasiado raro para seguir leyendo? ¿O quieres saber si hay cosas más extrañas que esta a medida que el libro avanza?

Isaac y Lin son dos de los personajes centrales de nuestro libro. Él, un científico que se ha alejado de una carrera como académico para optar por una más bien práctica para experimentar a gusto con los temas que le apasionan. Ella, una hembra khepri que abandonó su colmena para dedicarse a la escultura a un nivel artístico. Ambos son completamente distintos, cada uno tiene sus propias costumbres y sus propias creencias, tal y como el resto de los personajes que vamos conociendo con el correr de las páginas. Pareciera ser que lo único que ambos tienen en común es su relación, pero cuando Isaac intenta cumplir los deseos de Yagharek, un macho garuda al que le han mutilado las alas como castigo por un crimen que no desea revelar, y devolverle la capacidad de volar, se pone en movimiento una serie de sucesos que lo harán poner en libertad lo que podría significar la caída de toda Nueva Crobuzon.

Se podría decir que Isaac, Lin y Yagharek son la base y el esqueleto de todo el conflicto. Todo comienza con la visita del garuda y en el momento pareciera que todo girará en torno a la ciencia y a los experimentos que Isaac piensa en desarrollar sobre la mecánica del vuelo, que las historias de los demás personajes son solo anexas. Sin embargo, China Miéville no deja nada al azar. Toma lo que pareciera ser una infinidad de personajes completamente distintos (y con ellos toda la historia y cultura de cada raza) y las va entrelazando de una manera que no deja de sorprender, incluso con los villanos de nuestra historia, los que no serán identificados para no caer en spoilers. Son pesadillas encarnadas que se alimentan de sueños e ideas, y aunque tienen mucho de magia, son enemigos difíciles de eliminar. Así lo demuestran los intentos fallidos y los compañeros muertos en el camino. Ningún método es suficiente. Hasta que el pensamiento científico de Isaac y su ingenio entran en juego.

Pero quizás mucho más exquisito que la forma en que une los hilos de sus personajes es la manera en que el autor nos presenta la ciudad misma. Su narración de cada escenario es muy vívida: ya sea el laboratorio de Isaac, la anatomía deforme del señor Motley, la estación de la Calle Perdido, las cloacas, el Consejo de los Constructos. A veces me costaba seguirle el paso, me perdía en los detalles, y varias veces recurrí a los fanart que otros lectores crearon inspirados en esta obra de China Miéville para no ahogarme y poder seguir la trama sin la presión de intentar recrear en mi mente las imágenes que Miéville creó con su pluma. Pero su habilidad para la descripción no se limita simplemente a lo concreto como al relato del intrincado mapa de líneas férreas o la arquitectura de la ciudad, sino también a lo abstracto del sentir de cada personaje. Si, en un primer momento puede ser chocante saber que la amante de Isaac tiene por cabeza un escarabajo gigante, pero Miéville logra crear un lenguaje en el que llegué a sentir ternura por su particular relación de amor. Pero no es solo eso, el autor nos entrega incluso diferentes matices dependiendo de la raza de cada personaje. A Isaac y Yagharek los une la amistad, pero el sentir del garuda no es igual al del hombre, su concepción del mundo es completamente distinta de la misma manera en que lo es la de un cacto o la de la Tejedora.

El escritor aborda también el tema del poder político y cómo este se puede usar como yugo de control en contra de la población, cómo un sistema de gobierno puede corromperse cuando los intereses económicos se ven involucrados.

Una vez más me encontré con un libro de fantasía sólida donde más que cualquier otra cosa me sorprendió la imaginación inagotable del autor, que no sólo pareciera tener una fuente de creatividad infinita, sino que también demuestra su calidad como narrador y creador de mundos consistentes al no dejar cabos sueltos.

About The Author

EdoUnda

comunicador incógnito y disperso, con los pies aquí y allá, lector y conversador en @LibrosalAire

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