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[RESEÑA] La Quinta Estación

[RESEÑA] La Quinta Estación

El libro ganó la versión 2016 del prestigioso premio Hugo a la mejor novela.

La Quinta Estación (Trilogía de la Tierra Fragmentada)
N. K. Jemisin
España, mayo de 2017
Novela, Ediciones B, 447 páginas
ISBN: 9788466661690

Sinopsis

Ha dado comienzo una estación de desenlaces.
Empieza con una gran grieta roja que recorre las entrañas del único continente del planeta, una grieta que escupe una ceniza que oculta la luz del sol.
Empieza con la muerte, con un hijo asesinado y una hija perdida.
Empieza con una traición, con heridas latentes que comienzan a supurar.
El lugar es la Quietud, un continente acostumbrado a la catástrofe en el que la energía de la tierra se utiliza como arma. Y en el que no hay lugar para la misericordia.

Opinión

La Quinta Estación es uno de esos libros que veía haciendo apariciones continuamente en las redes sociales, uno de esos libros que figura entre las recomendaciones de muchos lectores de fantasía y ciencia ficción. Al ver el distintivo que la identifica como ganadora del Premio Hugo 2016 en la categoría de Mejor Novela y te enteras de que su continuación (El Portal de los Obeliscos) fue la ganadora de la versión 2017 en la misma categoría, era solo cuestión de verlo en el catálogo de novedades para aprovechar la oportunidad de leerlo.

Nora K. Jemisin, la autora, nos transporta a La Quietud, un megacontinente que es continuamente sacudido por terremotos y tsunamis de magnitudes catastróficas, por erupciones volcánicas que lanzan al aire toneladas de cenizas tóxicas que oscurecen el cielo por décadas, sumiendo a todos los habitantes de la Quietud en una quinta estación: una estación de muerte. Sin embargo, la Quietud no está sola a merced de la furia de las placas tectónicas. Los orogenes son personas con la habilidad de sesapinar, de conectarse con la tierra, de sentir y controlar la fuerza de las placas tectónicas para provocar o prevenir sismos y erupciones volcánicas. Podríamos pensar que sus habilidades son consideradas como un don, pero es todo lo contrario. Se los ve como seres malditos, aun cuando el Imperio los reúne para entrenarlos y adiestrarlos en el Fulcro para transformarlos en siervos dóciles y sumisos que estén a su servicio y al de las comus (o comunidades) que puedan contratarlos.

Mapa de La Quietud, tomado de la web de la autora

La novela parte como un relato de tintes mitológicos y, como si estuviese contando una antigua leyenda, nos habla del pasado de La Quietud, de cuando eran varios continentes y no solo uno. Nos habla de la capital Yumenes, un poco del Imperio de Sanze y de los comepiedras, unos seres rodeados de un halo de misterios a quienes se les teme aun cuando se sabe muy poco de ellos.

La historia comienza con una madre, Essun, que al llegar a casa después del trabajo encuentra a su pequeño hijo muerto. Essun sabe que el asesino es su esposo, el padre del niño, y sabe que lo ha matado porque el niño ha heredado la orogenia de ella. Sabe que su hija no ha muerto, que su marido ha desaparecido con ella y decide emprender un viaje para encontrarla y vengarse de él.

Conocemos también a Damaya, una niña de la casta Lomocurtido que se entera luego de un accidente en el Creche (la escuela de las comus) que es orogén. Su familia la aísla de la comu no para protegerla, sino para protegerse de ella y la vende a un hombre para que se la lleve lejos. El hombre es Schaffa, un Guardián y viene a llevársela a Yumenes para que viva y estudie en el Fulcro.

Sienita es una orogén del Fulcro que ha conseguido su cuarto anillo y a quien se le ha asignado su primera misión fuera de la capital. Está ansiosa por ascender y sabe que la única manera de hacerlo es ganando notoriedad engendrando un hijo con otro poderoso orogén del Fulcro. El candidato: su compañero de misión y supervisor, Alabastro, el único orogén del Fulcro que ha alcanzado el décimo anillo.

Haciendo uso de un narrador cercano y bastante sarcástico por momentos, la escritora nos presenta diferentes perspectivas de cómo es la vida en La Quietud, de lo que significa ser orogén y vivir excluido de la sociedad. El trabajo de construir cada personaje y hacer que evolucione de manera natural a medida que sus historias progresan es admirable. Por costumbre y como es natural, siempre estamos esperando el momento en que las historias de todos los personajes de un libro se crucen hasta formar una sola que será el punto central del resto del relato y el recurso que utiliza la escritora para alcanzar ese momento fue, para mí, tan inesperado como ingenioso. No lo vi venir, porque cada personaje está tan bien definido y delimitado, que este giro que aleja de lo que podríamos esperar comúnmente en una novela de fantasía.

La Quinta Estación es un ejemplo fiel de la habilidad de Jemisin para la creación de mundos. Nos presenta una especie de futuro catastrófico y aterrador para un planeta que bien podría ser nuestra propia Tierra basándose puramente en la fuerza de la naturaleza. ¿Qué es más poderoso y atemorizante que la fuerza incontrolable e impredecible que surge de las profundidades de la Tierra?

Por toda la Quietud los viajeros como Essun o Sienita y Alabastro encuentras ruinas y vestigios de quienes poblaron el continente antes que ellos, pero no se revela qué pasó exactamente con ellos y su final y caída se atribuyen a un castigo del Padre Tierra por un abuso de sus recursos y bondades. En esta visión, Jemisin basa todo un sistema de creencias casi mitológicas que se les inculca a todos los habitantes de la Quietud (todas las razas, todas las castas) en la idea de que el Padre Tierra los odia. Referido a esto, una de las cosas que más me llamó la atención es la elección de la autora de identificar a la tierra con el género masculino y no femenino, que es con el que comúnmente se la identifica. Con este recurso, despoja a la tierra de su carácter más maternal, de su papel como dadora de vida, y opta por representarla con un rol más patriarcal y castigador. Los orogenes están malditos con el poder de la Tierra, no benditos con ella, y así es como los ven los táticos (todos quienes no poseen la habilidad de la orogenia) y los Guardianes, una casta especial cuya única labor es asegurarse de que los orogenes no se conviertan en una amenaza para la población. Damaya, Sienita y Essun son llamadas orógratas con desprecio y su lucha es encontrar su lugar en el mundo y alcanzar algo de libertad, aprender a vivir con lo que les tocó; algo con lo que cualquiera se podría identificar.

Como si todos los elementos positivos mencionados en la reseña no fuesen motivo suficiente para animarse a leer este libro, también se puede mencionar la naturalidad con la que Jemisin integra en su novela ciertos temas que se consideran delicados de tratar en nuestra sociedad. Definitivamente es plus que no sea sorpresa para Essun descubrir que la geomestra que la acompaña en su travesía es una mujer transexual o que en la pequeña isla de Meov no sea motivo de habladurías que el jefe de la comu mantenga una relación polígama con otro hombre y una mujer joven y que los tres juntos críen al hijo de estos últimos. Ambos son temas cada vez más recurrentes en la literatura contemporánea, pero no todos los autores tienen éxito al incorporarlo de manera natural en sus historias y Jemisin gana más puntos a su favor al lograrlo.

En esta primera entrega de la trilogía de la Tierra Fragmentada, Nora K. Jemisin nos entrega una novela “redonda” con todos los elementos que podríamos pedir de una novela de fantasía e incluso más. Con un estilo narrativo ligero y preguntas sin resolver logra construir un relato que no solo logra enganchar al lector desde las primeras páginas, sino que lo mantiene al borde de la silla hasta el final.

Escucha la reseña de Pri en vivo, durante el programa del lunes 18 de diciembre. 

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