Óscar Contardo recorre con ojo crítico la transición chilena en su nuevo libro «Antes de que fuera octubre»

Óscar Contardo recorre con ojo crítico la transición chilena en su nuevo libro «Antes de que fuera octubre»

El autor examina con ojo crítico la transición chilena, exponiendo cómo el clasismo, la segregación y la cultura de la élite terminó por hastiar a la generación de adolescentes que inició la revuelta de octubre.

Octubre marcó el fin de una era que comenzó en marzo de 1990 con un entusiasmo por el modelo económico y político que fue lentamente apagándose a partir de la crisis del 98. A partir de ahí la distancia entre la elite y el resto del país se hizo insalvable”. Así explica el periodista Óscar Contardo el título de su nuevo libro Antes de que fuera octubre.

En el texto de casi doscientas páginas el autor construye un retrato desolador de la transición chilena, alejándose de aquello que siempre se ha destacado: el crecimiento económico, el ingreso a la OCDE, el acceso a la educación superior o la meritocracia.

A través de un escritura ágil y cargada de referencias pop (Contardo recuerda hitos deportivos, episodios de la farándula,  programas juveniles, realities, películas) Antes de que fuera octubre revela aquello que, como si fuera un ruido blanco, nos negamos a oír: el debilitamiento progresivo de lo público, decisiones urbanísticas violentamente segregadoras, una práctica desvergonzada y sistemática de la injusticia y el abuso, instituciones totalmente corrompidas, un clasismo brutal y una cultura basada en el consumo y la banalidad. Elementos que alimentaron un malestar que encontró su vía de escape el 18 de octubre pasado.

[A la generación nacida en los 2000] les hastiaba seguir esperando una promesa que no se había cumplido ni para sus abuelos ni para sus padres, encima les exigían que debían agradecer porque Chile no es tan pobre como lo era hasta 1990”, comenta el autor.

En el libro, Contardo va rascando el barniz de índices y rankings, y construye un relato tan brillante como descarnado, que confirma que Chile nunca ha dejado de ser un fundo administrado por una clase que vive desconectada de la realidad de la mayoría de los chilenos. “El futuro es complejo en la medida que quienes están encargados de tomar las decisiones continúan razonando como si estuviéramos viviendo en los 90”, afirma Contardo, quien también se refiere a la actual crisis sanitaria que afecta a Chile y al mundo:

El coronavirus está revelando el apartheid sanitario en el que nos acostumbramos a vivir, un sistema segregado de salud que funciona según cuánto dinero dispongas. La democracia en treinta años mejoró muchos índices, pero mantuvo dos escalones diferentes de perspectivas de vida. La plaga acabará desnudando la crueldad que se esconde tras esa decisión”, remata el autor.

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