2015 es un año que nos recuerda el fin de la segunda guerra mundial, desde distintas perspectivas y miradas.

Sello Editorial: Alfaguara
Páginas: 216
Primera Edición: Marzo, 2015

Publicación en Chile: Junio, 2015

Luego de leer El invierno del mundo, de la trilogía The Century de Ken Follett, El fin del mundo de varios autores, Los últimos días de nuestros padres de Joël Dicker, e incluso El Impostor de Javier Cercas, pensé que había leído suficiente sobre la Segunda Guerra Mundial, a 70 años de su término, al menos en lo formal.

Pero no. Nunca es ni será suficiente. Y no sólo porque el tema sea importante o relevante, sino más bien porque esta tragedia marcó tantas vidas y de tantas formas distintas en la singularidad de cada quién, que cada historia merece la pena ser contada o conocida.

Así, el autor de La Delicadeza y Lennon, entre otros, vuelve a deleitarnos con Charlotte, la historia de una artista alemana de origen judío que, ante el peligro, abandona Berlín y parte rumbo a Francia, dejando atrás a sus padres y al amor de su vida. Eso sí, lleva consigo su talento y se reencuentra con su pasado al reencontrarse con sus abuelos ya exiliados.

La vida de Charlotte Salomon, ya suficientemente trágica, es narrada con la fuerza, dramatismo y sutileza que ya leímos de Foenkinos, sobre todo en La Delicadeza, alcanzando la historia un estilo profundo y bello al ser puesto, brillantemente, en verso, como si fuera un poema.

A través del libro encontramos la dureza y el dolor de la época plasmados en las pinturas de Charlotte, al tiempo que descubrimos, una vez más, las humillaciones que vivieron millones de personas cuando la guerra hace aflorar lo peor de la humanidad.

Finalmente, me gusta mucho descubrir al autor explícitamente en su obra, como a Javier Cercas en El Impostor, a Arturo Pérez-Reverte en Hombres Buenos o a William Ospina en El año del verano que nunca llegó. La idea es genial, la puesta en práctica, una genialidad.