La escritora argentina confirma el buen momento de la literatura trasandina con una novela potente y profunda.

Sello Editorial: Alfaguara
Páginas: 240
Primera Edición: 2015

Publicación en Chile: Junio, 2015

Hasta ahora, y como me ha pasado tantas veces con otros autores, no había leído a Claudia Piñeiro, lo que lamento profundamente. Por algún motivo se me fue perdiendo en la lista de pendientes y no lo vi hasta esta semana. Por suerte, pues la novela de Piñeiro es de esos libros que no te dejan indiferente y que, en este caso particular, te afectará de manera diferente si eres padre/madre o no.

Con un estilo cargado de suspenso, la escritora argentina, que alguna vez fue contadora (y no de historias, como ahora), nos muestra poco a poco una historia desgarradora y emotiva. En Una suerte pequeña, Mary Lohan, radicada hace 20 años en Boston, debe volver a su Argentina natal por motivos laborales, aunque ella hubiera querido evitarlo. A través de su relato, a modo de diario de viaje y casi confesionario, después nos adentramos en la historia, terrible, que la hizo huir hace dos décadas.

En el libro, Piñeiro va mostrando dos momentos distintos: mientras conocemos a la protagonista, cada cierta cantidad de páginas un relato inconcluso interrumpe la lectura y nos desvela, a medida que se va completando, aquello terrible de lo que huyó, aunque aún no sepamos a quién, o a quiénes, desea evitar. Este episodio desencadenante es el centro de la historia, y Piñeiro lo maneja con una sutileza que, a ratos, parece angustiante y nos obliga a seguir leyendo.

La historia es sencilla, pero el relato nos sumerge en los rincones de la conciencia de la mujer que perdió y dejó todo como un autocastigo. En este punto, existe cierto paralelismo entre Una suerte pequeña y Mala Madre, de María Paz Rodríguez, pues ambas autoras muestran a una mujer frágil con quien empatizamos y a quien nos cuesta juzgar luego de conocer sus motivos.

El relato de Piñeiro ofrece además una fuerte crítica sobre nosotros mismos y cómo, escudados en la comunidad, podríamos estar dispuestos a condenar a través de una mirada, un gesto, el silencio, la lástima e incluso el insulto a quien ha cometido una irresponsabilidad, por no decir un crimen.

El libro de Claudia Piñeiro es, sin dudas, uno de los mejores textos del año y, curiosamente, se corresponde con otro texto que logró sacudirme el año pasado, el de Samantha Schweblin, Distancia de Rescate, aunque el final de Una suerte pequeña es mucho más dulce, feliz de hecho, como aquella novela de otro argentino, Eduardo Sacheri, Ser feliz era esto.