“Lo hace de nuevo” dice la tapa del libro, y sí, nos encanta una vez más.

Sello Editorial: Alfaguara
Páginas: 219
Publicación: Mayo, 2014

Hace unos 15 años tuve la mala fortuna de conocer el desierto. Fue a comienzos de la primavera y, para alguien del sur (con expectativas infantiles, además), el espectáculo del desierto florido fue decepcionante. Esperaba ver, sentir y tocar la arena caliente y abrasadora del desierto más seco del mundo y, tristemente, encontré un par de plantas y flores que ridiculizaban todo lo desértico de mis sueños.

A pesar de aquella experiencia, siento que he estado en el desierto más de una vez pisando la arena, deshidratándome bajo el sol, sufriendo el frío nocturno y suspirando por un vaso de agua al mediodía. Para ser sincero, debo confesar que no sólo Hernán Rivera Letelier me ha llevado al desierto y la pampa, también lo hizo, en más de una ocasión, Jorge Inostrosa y el ejército chileno en Adiós al Séptimo de Línea.

Probablemente nunca gane el Premio Nacional –no tiene pitutos dijo hace poco– pero creo que es uno de los autores más cercanos al lector, casi como si estuviera junto a nosotros tomando mate y contándonos una de sus historias.

En este libro, “El vendedor de pájaros“, el nombre de la estación ya debería decirnos de qué va la historia, pues si el lugar se llama Desolación y “ni siquiera tenía una banda de músicos que tocara retretas los domingos por la tarde como en las demás salitreras”, el relato, por más que nos ilusione, no puede terminar bien.

Pese a ello, Rivera Letelier como siempre, a través de su voz, nos lleva en un viaje geográfico y temporal junto a los personajes de esta historia sentida y, casi, familiar que bien pudo ser un sueño o un capítulo de nuestros textos de historia.

PD. Si bien el recurso no es nuevo ni original, resulta bastante bien la alusión a la contadora de películas.