Lo sarcástico y rupturista de la obra literaria de Chuck Palahniuk vuelve en El club de la pelea 2 y en un formato que le corresponde, que logra sacar lo mejor de su argumento y le hace juicio al retorno del magistral Tyler Durden.

El club de la pelea 2
Chuck Palahniuk - Cameron Stewart
Chile, marzo 2017
Novela Gráfica, Reservoir Books, 280 páginas
ISBN: 9789873818394

Sinopsis

Veinte años después de la primera publicación de El club de la lucha, llega su esperada secuela… directamente como novela gráfica. Chuck Palahniuk ha elaborado un guion a la altura de sus mejores trabajos y Cameron Stewart lo ilustra con un espectacular desempeño.

Opinión

La rutina, el consumismo y el agobio laboral y social han sido tema constante de la literatura, sin embargo, si hay que nombrar una obra que lleva este tema a otros niveles, profundizando en lo más oscuro de la mente humana y lo que ésta nos puede llevar a hacer, entonces, deberíamos hablar por siempre de El club de la Pelea, obra icónica de Chuck Palahniuk que, a mi parecer, gracias a la adaptación cinematográfica del espléndido David Fincher, logra transformarse en una obra de culto, un referente de la cultura popular.

Y es que lo sarcástico y rupturista de la obra literaria del escritor estadounidense vuelve en El club de la pelea 2 y en un formato que le corresponde (reuniendo en un tomo los 10 números de la obra), que logra sacar lo mejor de su argumento y le hace juicio al retorno, con bombos y platillos, del magistral Tyler Durden, quien ahora no sólo pretende hacer caer a la sociedad consumista y superficial que tanto le molesta a su evidente nihilismo, sino que también juega con nosotros, los pequeños lectores que durante todas las páginas de esta novela gráfica, perfectamente ilustrada por Cameron Stewart, podemos evidenciar y sentir cómo somos burlados por este personaje que no tiene intención de desaparecer y que se toma la atribución de también jugar con nuestras mentes.

Durante 280 páginas pareciéramos ser nosotros El narrador, ahora mencionado como un tal Sebastián, y para nuestra desgracia, seguimos igual de arruinados y anulados que en la primera historia, con la única diferencia que ahora la familia construida con Marla Singer, quien continúa asistiendo como “turista” a grupos de autoayuda, es otra más de las piedras que molestan en los desgastados zapatos de este hombre rutinario.

Es así como la vuelta de Tyler se hace necesaria, ansiamos su regreso para que la vida de este hombre regrese al tono que tanto nos gustó en la trama de El club de la pelea, queremos que Durden termine lo que empezó, porque en eso vemos un poco de júbilo, un poco de rebeldía en una sociedad no tan alejada de lo que relatan las letras de Palahniuk.

Y la aparición del líder del Proyecto Mayhem no tarda en llegar y con más potencia de lo que pudimos imaginar, siendo este rápido acto uno de los puntos clave y favorables de este nuevo relato, ya que si bien, obtenemos una dosis de la nueva vida de Sebastián, junto a Marla y su hijo, Palahniuk sabe que lo que de verdad nos interesa es saber cómo sigue la cabeza del narrador, en qué nivel de disconformidad está y en qué punto necesitará la intervención de la rebeldía y la destrucción, porque, sinceramente, todos sabemos que sin Tyler no hay argumento ni diversión.

Esta personalidad irónica, sarcástica y política se ve perfectamente acompañada por el gran trabajo de Stewart, quien aprovecha las licencias que puede dar la novela gráfica para hacer lo que Fincher, y el mismo Palahniuk, no pudieron hacer en plenitud con las antiguas versiones literarias y cinematográficas: ahondar en la violencia que prima en la vida de estos personajes y, por supuesto, graficarlas de forma explícita y exitosa.

Además de esto, se aprovechan bien los recursos del cómic, e incluso la yuxtaposición de imágenes aparece en los momentos menos esperados, entre aquellos diálogos que nos hacen girar las hojas con desesperación para intentar leer o entender algo desde otra perspectiva, confundiendo de esta manera al lector, tratando de transmitir el desenfreno y la desesperación que provoca Tyler Durden, y actuando como el sustento principal del relato, porque si hay que reconocer algo, eso es que lo mejor de El club de la pelea 2 son sus ilustraciones y el trabajo de Cameron Stewart.

No escribo esto para desmerecer el trabajo argumental de Chuck Palahniuk, sólo creo que la fuerza de sus palabras no lograrían lo mismo sin el trabajo propio del cómic. Es más, su relato es más efectivo en ese corto espacio sin Tyler que en el resto de la novela gráfica, donde ya las ilustraciones toman más fuerza, porque si bien las intervenciones de Durden son lo que mantiene en pie el libro, la construcción de su personalidad no está bien trabajada ni profundizada, principalmente, porque quizás Durden dejó de ser un singular y ahora es un ícono (aunque creo que esta impresión también se debe a mi evidente favoritismo por el noveno arte).

Por otro lado, a pesar de sentir que falta algo en la construcción de personalidad en estos personajes, creo que incluso puede ser a propósito, como un recurso para una escritura más rupturista, ya que sí logran mantener aquellos rasgos que ya conocemos, como el extremismo de Tyler y la decadencia de Sebastián, aspectos que son los que nos motivan a leer El club de la pelea 2, además de integrar recursos novedosos como la propia intervención irónica de Palahniuk en el mismo relato (junto a su Club de escritura) y la poco sutil crítica a la multitud que prefiere ver la película antes de enfrascarse en las letras (¿a quién no le ha pasado?).

En fin, me parece que, con los años, El club de la pelea 2 se transformará en una más de las obras aclamadas por la multitud y reconocida en la cultura pop, sin embargo, creo que en esto interviene más la historia de la obra de Palahniuk que su argumento, el cual por supuesto no deja de ser entretenido pero que, como he mencionado majaderamente, falla levemente en la construcción del personaje y se vale más por su ironía y su forma rupturista de crear una obra literaria. Y creo que falla más en lo micro que en lo macro, siendo salvado completamente por el trabajo inteligente de Cameron Stewart, ese que nos vuelve a empoderar y nos permite atrevernos a decir una y otra vez “sí, hoy será el día donde burlaremos la primera regla de El club de la pelea”.

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